Recoge solo lo que de verdad necesitas
El principio más potente es también el más sencillo: los datos que no recoges no tienes que protegerlos, conservarlos ni eliminarlos. En cada campo de un formulario puedes preguntarte si de verdad lo necesitas.
Sabe por qué conservas algo
Para cada tipo de datos debe haber un motivo y un plazo de conservación. Suena formal, pero evita la situación en la que nadie sabe ya por qué hay ciertos datos ni si se pueden borrar.
La seguridad no es un remate
- Limitar el acceso a quien realmente lo necesita.
- Almacenar y transmitir los datos cifrados.
- Registrar quién ha visto o modificado qué y cuándo.
Incorporar esto durante el diseño cuesta poco extra. Añadirlo después casi siempre es más caro y más desordenado.
Fíjate en dónde están tus datos
Dónde se encuentran físicamente tus datos y qué partes pueden acceder a ellos forma parte de tu responsabilidad. Pregúntalo a cada proveedor, también en las herramientas prácticas que añades de pasada.
En resumen
Recoge menos, sabe por qué conservas algo, incorpora la seguridad desde el principio y sabe dónde están tus datos. Entonces el RGPD no es un freno, sino simplemente buen oficio.